LOS CABALLOS ANDAN SUELTOS SI SON DE PALO...

                                  UN CUENTO HABANERO

 

                                                                                        

Si a usted le dicen que acaban de ver un caballo de color negro en la Plaza de Armas pintando una genial obra de arte con un pincel prendido de su casco, usted ni remotamente lo va a creer. Como tampoco va a creer que yo, después de estar casado durante veinte años con una misma mujer sin serle infiel, ahora me enamoré de una puta. ¿Lo cree?

Y si le digo que soy un loco que acaba de poner una bomba debajo del vientre del caballo en la misma Plaza de Armas, y que nadie me ha visto, ¿lo creería?

Y si continúo diciéndole que esa puta es Madonna, y que la encontré por primera vez en mi vida a la entrada del túnel de la bahía habanera pidiendo botella, ¿está dispuesto a creerlo? 

Y que si para colmo de los colmos, le digo que al caballo le pagaron mil dólares por la venta de su pintura. ¿le parecerá creíble?

Y si, para seguir con una verdad detrás de la otra, le dijera que Madonna, en vez de irse en un auto, se fue en el lomo del caballo negro, sin darse cuenta de que en el vientre de ese mismo caballo hay una bomba que va a destruir la ciudad de La Habana. ¿Lo aceptaría complacido?

Y si seriamente comentara con usted, en secreto, que aburrí a mi mujer por tener un rostro con barba y un pecho sin senos, ¿me creería?

A cuántas conclusiones usted puede llegar si ese caballo soy yo, que hablo como un hombre, pinto como un artista y fornico como ese mismo caballo cuando tengo a Madonna entre mis piernas en el parque El Quijote. ¿Qué me diría?  Y si siendo más explícito le dijera que son las doce del mediodía, que la calle 23, en el Vedado, tiene miles de transeúntes y que ni por negligencia han mirado hacia este caballo que soy yo y hacia esta mujer que es nada menos que Madonna. Ahora sí que no me cree nada, estoy seguro.

Pero qué insensatez, si todavía no le he dicho que mi mujer se hace llamar en secreto Madonna, y en vez de dormir en forma horizontal se cuelga por su barba y duerme vertical. Esto sí que ni remotamente me lo puede creer. Y no pestañee si le digo que fue mi mujer la que hizo la bomba, muy casera por cierto: con almidón, azúcar y amaranto. Y que el caballo lo compró ella para poder dormir con la boca pegada a su verga. Claro que ni jurando usted me puede creer todo esto. Pero depende de qué ángulo usted mire mi ensarte de verdades.

Puede ser que usted no sea práctico y tenga que estar pensando si es verdad o no que la gran Alicia Preciosa salió de su carro para montarse junto a Madonna en la grupa del caballo y llegar hasta el puerto con una escopeta de cartucho entre las manos y desfalcar un contenedor de tenedores. Pero para qué tantos tenedores, se está preguntando usted. Bueno, ahí sí que va a tener que preguntarle a la misma Alicia, porque ahí sí que no llego yo. Aunque Madonna me ha dicho que ese asunto de los tenedores tiene carácter de desarme. Seguro que hablaba de desarmar la bomba. Qué ingenua, no sabe ella que mi mujer es la única que conoce cómo hacer que no funcione esta bomba. Y que según la he escuchado en sus pesadillas diarias, la bomba tiene mucho que ver con el tamaño de la entrada y la salida de la verga de su caballo. Así que ya no puedo darle más datos porque mi mujer se afeitó la cara y se puso dos senos postizos y estoy que no la conozco.

Ah, no me lo cree… pues sepa usted que ayer entró al aeropuerto para filmar una maleta que venía sola y sin acompañante alguno desde el Canadá. Nadie le creyó hasta que no vieron que la maleta salió detrás de ella como una oveja mansa, y detrás de la maleta otro caballo, esta vez de color blanco y con algunos lunarcitos moteados en gris sobre el lomo, una flor entre ojo y ojo, y un cigarro encendido en la boca. Todos los que estaban allí enseguida le preguntaron el porqué de otro caballo. Ella fue rápida, porque me da la gana contestó, agarrándole la verga al caballo para arrastrarlo. No me lo cree, ah, no me lo cree, pues mire yo lo vi todo desde el centro de monitoreo del aeropuerto, donde subí con Madonna y el caballo negro porque Alicia nos dio la contraseña para entrar allí sin usar la fuerza.

Qué pena que siga sin creerme. Ojalá  usted hubiera estado allí, ahora me diera la razón porque escucharía al nuevo caballo chillarle a mi mujer: ay, chica cuidado con mi maquillaje.

Le juro por los cascos del caballo negro que todo esto es verdad, como es verdad que Madonna amarró a este mismo caballo dentro del túnel de Línea a las 3 de la tarde, y se colocó en plena vía a meditar con un ramo de palitos de incienso en la mano, por cierto muy cerca del vientre del caballo. Entonces un policía que pasaba le preguntó el porqué de todo aquello, y ella solo se limitó a decirle, el pegaso, el pegaso…  Mientras el policía, dejando a un lado sus patines, también cayó en ese trance de la meditación, se sentó junto a Madonna, colocó sus pies sobre los muslos, y a meditar, cuando un colapso de carros, alrededor de 30 mil, se amontonaron uno encima de otro dentro del túnel para que el caballo ya con el pincel en el casco volviera nuevamente a pintar, ésta vez una obra titulada, el médium cubano. ¿Sigue sin creerme?

Y qué le parece si le digo que en ese mismo trance cayó mi mujer en el muro del malecón cuando retocaba con carmín la boca de su nuevo caballo, mientras la maleta con su cara de estúpida engreída le gritaba, hombre, hombre… Y mi mujer aprovechando el escándalo de la maleta, que se abría y se cerraba cada tres minutos, le metió la mano hasta lo más profundo de su alma sacando un enorme pegaso blanco, muy blanquito con un zarcillo colgando en una de sus orejas. Qué ilusorio todo, verdad. Pues conozca usted que la mentira aún no está dicha por mí, y que debe esforzarse en creer lo que le digo porque hablo muy en serio. Y que dicho Pegaso al sentir el aire del malecón habanero se salió de entre las manos de mi mujer y fue volando sobre el mar hasta el túnel de Línea, donde la confusión era peor aún, pues Alicia ya había bajado a un centenar de ángeles con faldas puestas para que el caballo negro captara mejor la imagen de ese asunto que ella llamaba ballet esotérico. 

Pero de lo que yo sí estoy seguro es que si le dicen que Madonna es una puta usted lo cree, ¿no es cierto?. Como también creerá cuando le digan que la dichosa bomba explotó a las 3.45 ya en las afueras de la ciudad, porque a Alicia le dio por decir que una puesta de sol acercaba más a los ángeles a la tierra. Y que no quedó ni tierra ni sol, nada más que mi mujer pintada en un lienzo con la enorme verga de su caballo dentro de la boca, mientras una maleta con alas se abría haciendo volar a tres mil angelitos con faldas. No me cree, ah, no me cree… pues yo los tuve que contar para que me pagara aquel americano que apareció en un globo volador sobre la Plaza de la Catedral diciendo que por cada ángel me daría un dólar.

Y claro, nada de esto usted me lo ha creído. Eso es porque no me ha visto con dos alas y un zarcillo en la oreja volando sobre usted a las 3.45 de la tarde. Cuando usted me vea, ya veremos.

 

 

EN CUBA DEL LIBRO: "LA MEJILLA EQUIVOCADA".

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QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO...

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PA LA TIERRA DE DIOS

PAQUÉ

 

Paqué te enteres de lo que viaja o cómo se viaja dentro de este país. Te cuento el cuento de  un Joven Club.

De más de veinte computadoras y dos laboratorios dentro de este centro solo quedan trabajando cinco máquinas, que ahora se radican en un solo lugar llamado por los que se dicen oportunistas, laboratorio. Mientras que los usuarios (nosotros) lo llamamos ¨sintierra¨.

Sentados en el portal del Joven Club o dentro de una inmensa cola, que también tiene sus socios, decidimos a quién le corresponde la máquina, que ya abarrotada y  vieja no sabe para quién decidirse a ofrecerle lo que en una época fueron sus logros.

Repleta de contraseñas para todo asunto informático debemos, si es que logramos agarrarla, pedirle al instructor que esté de guardia –si es que también podemos agarrarlo en dicha guardia-  que nos escriba la contraseña tan escondida, y que solo ellos mantienen en secreto para poder trabajar dentro de ellas o con ellas. 

Pero como siempre hay un desafortunadamente, esta vez un alguien de los sintierra le descubrió el porqué de los porqué en las contraseñas, y utilizó dicho código por más de seis meses sin nadie conocerlo.  Y se han ido al aire todos los numeritos, las letritas o los nombrecitos que podía haber tenido escondido dicho instructor en esa moda que tienen los que hacen las contraseñas.  De ahí que hayan  sido tan estudiada por los psicólogos. Dándose a conocer, de esta manera, que no queda contraseña que no sea conocida,  pues siempre es utilizada por algo muy común dentro de la vida diaria como lo es:  el nombre de papíto, el del nenecito, el del noviecito o el queridito, o el del año de nacimiento… Y tao, tao, tao… Estos  tao  son cubanos.

Ahora, los que somos sintierra estamos desconectados, y como tin también nos quedamos sin el tan.  Los instructores fueron despojados de contraseña,  pero también de sus cuentas de Internet.  Acusados de dar información a quienes no debían, y  así es como ahora nos quedamos  todos, los sintierra o los no sintierra.   A mantenernos sin conocer el porqué de los porqués en este planeta tierra y sin noticia alguna que valga la verdadera pena.  Porque hasta después de seis meses del año, de este año 2012 no sabremos nunca más qué es una contraseña.  Ni qué cosa es una cuenta de Internet, que en tan poco caso viaja, si es que viaja, dentro de un mundo isleño  que primero fue llamado Juana y que ahora llaman muy comúnmente Cuba, aunque esté o se encuentre a  puro trancazo dentro de éste afamado Joven Club.

 

2012 /Cuba.

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EL VIEJO BARRIO DE YDANIA

UN LAMENTO SIN DESPEDIDA.  

 

No hay hombres cultos, hay hombres que se cultivan.

                                    Anónimo

 

 

Y pensar que Juana puede morirse sin conocer que la homosexualidad no es un vicio ni ninguna enfermedad.  Pensar que tarde o temprano ni cuenta se dará que pasó sobre madre tierra sin darse cuenta que amar lo igual es lo mismo que amar lo desigual.

 

Porque si Juana saca  la cuenta vería que todo el mundo se lava su cosa por la mañana, recoge los mandados por la tarde, compra perfume en una tienda cara o barata y escupe en el mismo piso donde también se puede orinar, defecar, o caminar.

 

 A Juana le llegará un día que ladrará sin saber cuál es por fin la presa que tiene qué comer.  Desde el amanecer hasta el anochecer se sacude, tiembla… Es una parlanchina tirada en el suelo de que lo más lógico de la tierra es un hombre y una mujer.  Porque así lo dijo Dios.  Y conocerá Juana quién es Dios.  ¿Se acordará Juana?

 

Juana que es una mujer lo bastante mayor,  pero que para el Juan que la acompaña es una muñeca de terciopelo lo bastante joven como para que a la una de la tarde dar  sus grititos de qué rico,  mi viejo.  O sea,  Juana sabe que Dios se lo dio para disfrutarlo.  Pero, lo que Juana no sabe es que también Dios me lo dio o te lo dio para disfrutarlo.  Para gozarlo, para arrancármelo o arrancártelo si es preciso y regalarlo a la primera, o al primero  que se elija en el día, en el mes, en el año. O en el tiempo que nos dé la gana. Así sea a la una de la tarde como escoge ella los martes de cada semana. Para que el nieto haciéndose el que está pastoreando los matorrales tenga, sin duda alguna, el instinto de varón que ella misma le educó como una gran advertencia, la oportunidad de aprovechar la advertencia misma de abrirse su braga y romper el silencio que tiene dentro del cuerpo desde que la mujer que dijo ser su esposa en una fiesta de gritos, dinero y algarabías se le fue con la propia jefa del recinto donde bailaban festejando no sé  qué cosa, porque aquello de boda tenía muy poco. Quizás la fachada, la estafa, la mentira… De la  supuesta  esposa.

 

Y en ese instante en que Juana se ocupa de su blusa porque todavía está abotonada, y Juan no es de los que se ocupa de eso y menos a esa altura en que ya está medio muerto de cansancio y la negra Juana le pide otro palito,  otro palito,  otro palito… Papito. Es en este instante en que Juana no se siente gratificada y se acuerda de la mujer de su nieto cuando le gritó en su propia cocina. En la cocina que ella limpia, friega, pule, decora todos los días, que la mamada de bollo que a ella le dan ya quisiera ella que se la dieran.  Y chilla duro, pero muy duro pero no porque su Juan no sabe darle esa cochinada que le dijo la tortillera esa sino porque tiene un lamento dentro desde hace muchísimos años que solo lo puede soltar cuando lo chilla cuando lo pone como despedida entre su dignidad y sus deseos, y así juega a la fantasía con Juan.  Se la juega para poder tirarse a aquel negro viejo y ya asqueroso que le ha tocado en la vida, porque ella en su nidito lo que prefiere es una lengua.  Una presa toda embarrada que la estremezca, que le abra el grifo que tiene mezclado dentro de sus exigencias pueblerinas, que debe estar tapado y a escondida, porque sino todo se le escapara, todo se le sufriera, todo se le fuera de las manos. 

 

Porque si Juana saca la cuenta notará que todo lo que le ocurre con esa edad es que desde que estuvo en la primaria ejerce sus funciones sexuales como si fuera un cofre sellado que nadie se atrevería a abrir,  y menos a ella que es una negra vieja que no conoce nada más que la cremallera de su marido. Y que si conoció a otras fue por culpa de lo voluptuoso que tiene dentro que no la deja vivir desde aquella edad en que la amiguita María se le ponía como una hiedra encima de la litera cuando hacían los ejercicios para relajarse el cuerpo para aquella famosa tabla gimnástica,  donde conoció por primera vez a aquel negro prieto y grande como una bestia que se llamaba Juan,  y que hoy todavía la acompaña en sus años pero no en su cama porque se ha quedado con ese secreto tan guardado de que no hay mejor cosa que la lengua de María cuando se convierte en una hiedra sobre su cama.

 

 

                     

                                 3 de julio 2011.  CUBA.

 

 

 

 

 

 

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CON EL "COLORÍN COLORAO"

 

 

CONTAGIADO.

 

 

S i

I nsistes

D emasiado

Á garralo.

 

 

 

 

 

 

 

 

ARTÍCULO EXTRATERRESTRE.

Ayer anunció el periódico "El Int Burde"que las prostitutas se encuentran en peligro de extinción por el famoso invento de las vulvas androides.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ISLA.

 

L  esbiana

E  existiendo

S  erenamente

B  ajo

I   inclemencias

A  normales

 

 

 

 

 

 

 

 

Y SE ACABÓ EL CUENTO.

¡Ay, qué rico, ya no tengo que seguir escribiendo mierditas, coñitos y carajitos!

 

 

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De Mi Libro "Estoy loca por ti"

DE ESTE PARIS EN LA HABANA.

 

                                                                                  Soy una mujer de enigmas…

                                                                                                                        Soy del l3.

 

Tener un pene entre mis piernas llamado clítoris conlleva a conceptuarse como mujer.  Sin eretismo y con átomos muy positivos mi brevario es tan complicado como lo escribió el gran Horacio: Mujer, mujer, mujer… O menos común, viscauchina.

 

Lo más importante, el momento de mi fecundación: vulva y pene.  Y seguido de grandes estertores, coito.  Resultado, un amor experimental indispensable, obligado.  Mi padre un truhán.  Mi madre un fenómeno fisiológico.

 

Experimento de un espasmo genésico.  Hombre y mujer.  Padre, madre y dinámica.  Después yo: Mujer, mujer, mujer… Ya en completa excreción.  Liberada, independiente, sin convencionalismos.  Aunque muy consciente de proceder de este amor experimental.

 

Mi cuerpo, felicidad suprema hasta los quince años.  Castillo cerrado después de los veinte.  Asalto de tal asaltante ante de los treinta.  Poca inteligencia de mi parte.  Quizás mujer fría, concepto que me regaló un hombre cuando sus brazos (con desencanto) acabaron de exprimir el desprecio que he sentido por ellos.  No llamaré mujer a este tipo de desprecio.  Es mejor decir frustración, cualesquiera que sean las apariencias.  Creer en esa desoladora influencia, quizás por maltrato del destino o quizás por carencia de vicios en este París.

 

Pero la voluntad de Dios es invencible, y aquí sin frecuentar prostíbulos porque para puta no he nacido, a veces lloro.  No para matar el dolor de ser mujer, sino para enseñarle a mi alma que hay que soportarlo todo parisinamente, aunque después queden esas huellas desquiciadas, y uno no entienda que para cada sombra hay una estrella, y que para cada estrella hay una mujer.

 

Una mujer indiscriminada como yo.  (Porque no digo yo si cada  uno de los genes se merece la odisea de cualquier mujer).  Aunque lo humillante de esta derrota indiscriminada no es haberla soportado sino haberla parido.  Porque parirme a mí por seguro doy que fue una enseñanza.  De mujer a mujer, qué no se desgracia.  Nada.  Pobre madre mía.

 

La puta, la madre, y la puta madre son psicologías coincidentes que Bigas Lunas persiste en achacarnos.  Quizás como funesto fruto de falta de instrucción sexual para la hora de gozarme, buscarme y penetrarme, que sin la ternura necesaria se convierte en un animal oscuro: el demonio.  Olvidando así al doctor Guyot, siempre lamentándose de aquella vida matrimonial en que la felicidad sola es una necesidad sexual de cada orgasmo hijodeputa que se le corre a los casados hombres.  No a los hombres casados.  Porque para la mujer, consejo.  Siempre consejo.  Mucho consejo.  O sea, que para la más pura mierda esa enseñanza de que la mujer es la flor matinal de cada hombre y no se le maltrata.

 

Nada aprendemos, es el misterio del sexo.  Porque tener cegado el entendimiento es una cosa, pero abrirle las piernas (y bien abiertas) a los frutos conyugales es otra.  Pocas mujeres somos sabias en este asunto.  Ya se ha dicho: el matrimonio es un aplauso, solo dura lo que chocan dos manos (de una misma persona).  Pero es el imperio del universo, por tanto hay que experimentarlo.  Ir de frente.  Aquí el destino es incontinente, tantos hombres como tantas repugnancias, o como tantas existencias de esa extraña humanidad llamada hombre.

 

Genésico, todo es genésico.  Todo lo demás soy yo: mujer casada con un hombre magma como el ave fénix.  Roberto Michel Renfeld, franco chileno, traductor y fotógrafo.  Aficionado solamente a sus horas, las mías, mis horas se las lleva el viento que lo empuja en sus aviones hasta París.

 

Bajar cinco pisos, comer pasta, y convivir al lado de una invitación de cena noche tras noche, en las cuales Roberto Michel se entretiene en Saint-Louis tirando fotos a sorprendidas señoronas que se iluminan debajo de los faroles.  Y con sus grandes cigarrillos de moda le dicen: chico, chico… toma tus francos.  Esto es resumiendo, ser mujer a veces cuesta ocultar la cara pálida, las canas sin teñir y un cuerpo dejando que desear,  porque el espejo (en todos los casos) es un gato estremecedor que enseña o demuestra (mejor dicho) las dos largas piernas sin afeitar, el oscuro cielo de las cejas en pie de guerra, y las manos como dos cubetas de fango.

 

Ser esposa y llegar al matrimonio es natural.  Como también es natural que Roberto Michel no regrese durante cinco meses, y la soledad me busque dentro de toda la ropa ajena que hay en la ciudad parisina de La Habana un vestido bien amplio.  Ya estoy vestida, ya soy mujer.  Ya estoy casada.  Matrimonio formal parisino habanero.  Admirable mujer que espera a su marido muy perfumada, pero no soy Penélope.  Verdaderamente en Cuba las Penélope desaparecen y no de muerte natural.

 

Cerrando los ojos, si es que alguna vez los he tenido abierto, los besos de Roberto Michel son burlones, su pene es un látigo de plumas suaves y sus orgasmos con como los autos oscuros de las Embajadas Árabes, mucho lujo, mucho confort, pero poca diplomacia.  Te pasan por arriba si te demoras en el encanto de mirarlos.

 

En fin, soy una mujer elegida, pocas hay.  Finjo siempre el placer de la nueva aventura.  Porque según mi marido él es como el aventurero de la foto pintoresca que tiene Vilma en el rincón más pequeño del apartamento.  Roberto Michel siempre se consuela.  No con Vilma, ella protestaría si se sintiera obligada como yo.  Porque Vilma es el convivir de una invitación de cena noche tras noche.  Aunque también es mi clausura.  Y hablando ya más cobardemente, también es mi miedo.  Aquí París es solo la magadis del madero de Cuba.

 

Qué bien sería conocer ese apartamento contiguo, pero ya escucho al socarrón de Roberto Michel tirar la portezuela del auto y cansarse de tanto golpear con sus nudillos en la puerta.  Volvió a olvidar sus llaves: sus llaves francesas.

 

Mi puerta, el agujero más hondo que tiene mi cuerpo, detrás de ella está mi espasmo genésico, mi posesión, mi riqueza.  Y no es porque mi marido está en casa,  es porque está mi mano.  Para que se perpetúe la fecundación entre mi clítoris y el deseo extramatrimonial que siento por conocer la invitación de cena noche tras noche.  Desdichada yo si me resistiera a esa atracción anormal.  Aunque lo de anormal nunca me ha convencido mucho, porque también puede terminar en una exaltación termodinámica.  Un todo genésico sin eretismo.

 

Es por esto que yo siempre llamo al matrimonio, catástrofe, novela ridícula, o mejor aún: enfermedad moral con egoísmo binario.  Aunque mi amiga Madame Francinet me contradice explicándome que esos papeles firmados son fares.  Y no faranduleros de tercera o quinta clase como yo los llamo.

 

Los átomos positivos del apartamento contiguo golpean tan fuerte que cuando Roberto Michel se desnuda he sentido un deseo poco usual.  Dejé mi individualismo a un lado lanzándome con la furia más genésica del mundo sobre aquella baba de diablo que parece un ojo entre sus piernas.  La invitación de cena seguro ya me escucha a través de la pared.  Cuando juego con la pluma de mi marido huelo sus genes a través de mi excitación.

 

Pero Ambrosio Paré debe aconsejar a Roberto Michel.  Es tan notable su sabiduría como médico que debe recetarle que perder un avión a cambio de una buena mamada no tiene en absoluto nada que ver con la ciudad parisina.  Porque si con esa descomunal mamada que ha recibido, entre petulante y socarrona, su pluma se ha mantenido inocente y hasta lastimada, debe tomar la decisión de hacerle un servicio más sano a la humanidad: fisiológicamente ser maricón no es cuestión de mujeres.  Y si Roberto Michel toma el avión no será ignominia.  Menos aún si mi orgasmo de hembra en celo está casi ahí, deseando en vez de espermatozoides aberrados y psíquicos, un fluido femenino.  Donde se da por hecho que otra mano también busca su organismo de animal para llevarlo así a toda carrera al espasmo genésico de gritar.

 

Yo creyendo en mi gozo y clavada en todo lo oficial y privado que tengo como mujer casada gocé hasta que Roberto Michel con un simple movimiento dejó mi cuerpo… la cama y sus almohadones.  Mientras, cambió de lugar las dos maletas, y una tercera llena de cámaras fotográficas.  Cuando me cansé de observarlo con sus diarios, sus maletas y su boleto de avión, se lo dije: saca tus ojos de película de mi deseo, aquí el negativo y el positivo comienzan a rechazarse.  Y con su común mueca ladeó la boca con cierta risita.  Entonces lo vi colocarse los zapatos y hasta lastimarse sus pies con el apuro.  Su avión fue la mejor magia de mi vida.

 

Mi mano cerró la puerta tras él, después la cerré sobre mí.  La escena de la Sainte-Chapelle ya era asunto de Roberto Michel.  La mía, mi escena, era saborear los estertores genésicos del apartamento contiguo.

 

He quedado con el único paleativo posible: aprovechar mi miedo.  Ese quemor que uno siente cuando está entre hombre y mujer.  Pero la nature, les sociétes… y mis lágrimas.  Mis sexuales lágrimas que ya escuchan a Vilma, que aún siendo francesa  se descubre gritando.  No es como Roberto Michel que se dice descubrir oliéndose como los animales, pero el alma no es más que el cuerpo, y a este cuerpo mío ya no lo siento.  Ahora solo es alma genésica.

 

Pienso, deambulo de calle en calle, de calleja en callejón hasta dar con esos callejones sin salida que son los ojos de la invitación de cena noche tras noche de Vilma, que un poco excitados despiertan mi estrago, quizás inocentemente inmiscuido en algo que no debo.  Pero Roberto Michel tiene una pluma que no endurece, unos ojos que no lloran y unos espermatozoides tan aprovechados que jamás he sentido alguno mío.  No cabe duda, lo digo: el hombre es un animal extraño, muerde la mano que le da de comer.

 

 

La Habana tan segura de su construcción dejó de ser París cuando al fin sintió el portazo último de Roberto Michel.  Me dispongo ahora a trastrocar el orden: tengo un pene entre mis piernas llamado clítoris.  El resto, entrego mi verdadera condición aunque me nombren genésica

 

 

Pero Madame Francinet tiene húmeda la leña en la chimenea de su París habanero, y noche tras noche después de ayudarla a secar me cuenta en su apartamento contiguo que su amiga Madame Rosay hace algunos años le preguntó a Vilma si se coloreaba las ojeras con el polvo de las ventanas parisinas.  Y que ésta solo le había contestado que sus ojos eran tristes, y que sus ojeras se debían a las tantas y tantas penas que soportó durante años, cuando sentía que Monsieur Renfeld, ciudadano franco-chileno, le daba consuelos sucios a su esposa. Mujer resignada que nunca dudó de los principios morales y fidedignos de su matrimonio.

 

 

 

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DESDE MI LIBRO: "EL DÍA QUE VOLÓ LA AMAPOLA"

 

PREGUNTAS DE EMPEÑO.

 

 

 

Puedes tú, Cristo, lavarme los pies en el susurro de girasoles.

En un cántaro mídeme  manos, cuerpo, voz,  y gime:

Cervatillo, Cervatillo… Mi bien amado Cervatillo.

 

Tu girasol me ahuyentará el apocamiento.

 

Me gustaría engañarme con tus nudillos

y con las preguntas de tu gigante molino en el viento.

 

Agua de tus dioses ya sé que besan la puerta de mis dedos desnudos.

Quiero escucharte, y escucho en la clarinada de  amores  falsetes.

 

¿Puedes tú, Cristo, ser el convicto de mis orquídeas de futuro?

 

Hay un agua de leyenda esperándome vestida de malva para ti.

Lo intuyo.

 

Puedes tú, Cristo, ser ese hijo que corone mi doncellez

en mi nunca huerto de girasoles.

 

¿Puedes?

 

Así también lo espero sobre tu cruz en madera.

De madera.

 

 

 

13 de noviembre 2011

 

 

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CON NUESTRO PLANETA VIVIMOS

"CON PATICAS SOBRE LA TIERRA"

 

Nada como un coctelito de anfetaminas para aliviar la ansiedad que provocan los hombres machistas sobre una mujer lesbiana.  Su repugnancia raya hasta en la extralimitación de querer imitar a una mujer por tal de faltarle el respeto a la orientación sexual de dicha lesbiana. Esto es un caso que no se vende como película, pero sí como pan caliente en todas las esquinas de cualquier pueblo del interior del país cubano.

Es tan denigrante comprobar, si se hiciera análisis al respecto, que de cien mujeres hoy desempleadas por las nuevas y vigentes leyes laborales casi treinta son lesbianas.  Y también sería saludable comprobar que este tipo de mujer es aún calumniada implacablemente por la camarilla, que detrás de su cortinas de buró y de sus fachadas de dirigentes se lanzan tirando barrabasadas chistosas (creen, según ellos) sobre tal o más cual mujer que dejó al marido por otra mujer.

Un perro vive más a gusto dentro de su perrera que una mujer homosexual dentro de un pequeño pueblo de este país.  Aún más si dicha mujer no tiene un suculento diploma universitario o si teniéndolo no es de los que la enmarca como figura pública.  Entonces este tipo de mujer es mirada como una "fulantrona".  Una que solo puede valorarse ella misma y nadie más.

Entonces y obligadamente tiene que "buscarse la yuca" convirtiéndose en una empleada doméstica, que aunque domine 2 ó 3 idiomas siempre será lo que es, la nueva criadita de la casa. Tan actual y tan de moda ahora en nuestro país.  Y que aunque obligada esté a ello, porque casi seguro tiene que alimentar a una familia, está también en la obligación de andar con paticas sobre la tierra,  y tener la mayor de las cautelas al escoger o seleccionar a qué casa se va a trabajar como criada.  O a qué tipo de enfermo le va a ofrecer sus cuidados y servicios.  Porque en el menor de los casos el mismo representante de ese hogar, tan coterráneo como ella misma, la pone de paticas en la calle diciéndole a todos en el pueblo que esa mujer se ha propasado con su esposa.

Llegando a la sazón entonces el hipotético dilema del machismo cubano para así pronunciarse nuevamente y en las calles del poblado: ¿Son o no son las lesbianas unas enfermas mentales? ¡¿Yo te lo dije, o no?!

Esto que lo diga posteriormente la vida, cuando ya la plaga de los  vigentes insensatos también digan sus verdades pero sin mentiras.  Esperemos entonces para disertar al respecto.

 

CUBA. MAYO/JUNIO 2012.

 

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